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Cumplir los 50

Cuando una llega a cumplir los cincuenta años, y además goza de buena salud, no hay motivo para sentirse mal, sino para estar contenta.  Eso es así, por lo menos visto desde fuera, sobre todo visto por quien tiene mas años, claro.

En mi caso también es para estar satisfecha porque además de la buena salud, yo sé que tengo una suerte increíble en la vida, que estoy rodeada de gente estupenda, principalmente la familia, que tengo muchos momentos divertidos, que tengo buenos amigos y amigas, pero repito, sobre todo mi familia, los míos, son lo mejor.

En estas fechas, cuando te "caen" los cincuenta años, parece que hay necesidad de piropearte, de decirte cuanto te quieren, de recordarte hechos especiales... y se agradece, la verdad, la autoestima se alimenta y la emoción te llena.  Te das cuenta de lo que verdaderamente vale la pena y te sientes más encantada que nunca.  Así que aquí estoy, feliz de la vida.  Qué bien.  Gracias a todos.

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La casa del propósito especial

La casa del propósito especial

Acabo de leer este libro escrito por John Boyne, muy conocido desde el éxito obtenido con El niño con el pijama de rayas.  La verdad es que me ha atraído su lectura desde el principio, ya que sin meterme siquiera en la trama de los zares, de la Rusia de principios de siglo, en la época de la Revolución, que siempre me ha parecido interesante, me comenzó a emocionar la profunda historia de amor que protagoniza en el fondo la novela.  Para mí ha sido ver reflejada la historia de amor de mis propios padres, el cariño y la compañía que se hacen hasta el final de sus vidas...Ver al protagonista sufrir ante la efermedad de su esposa ha sido revivir momentos vividos en la vida cotidiana, pero que bien llenan capítulos de novela.

La historia de Anastasia, aunque en esta novela desde el principio se sabe el desenlace, es también muy bonita, una ficción como otras que ha habido.  Me han hecho recordar la famosa película que con ese título ví cuando era pequeña y que tanto me impresionó.  Desde entonces, siempre he leído cuantos artículos se han publicado sobre el final de la familia real rusa.  No hace mucho se estudiaron sus tumbas... Otro tema atrayente para la navegación por internet.

SON TAN NIÑOS

Tengo la inmensa suerte de trabajar cada día con la inocencia, el entusiasmo, el cariño, la candidez, la energía, el movimiento, las ganas... de mis alumnos y alumnas.

A veces pienso que tengo en mis manos el material más valioso del mundo y no soy consciente de la responsabilidad... claro sería imposible hacer nada por el riesgo de meter la pata.  Pero reflexiono a menudo sobre cómo cada paso que avanzan, no sé si con mi ayuda o sin ella, pero sí a mi lado, podrá determinar su futuro. 

Cada descubrimiento, cada aprendizaje, permite abrir una puerta, ver un camino...¡qué suerte, tener por delante tanto que descubrir y poder estar con ellos y ellas!.

¿DONDE ESTÁ CABO VERDE?

¿DONDE ESTÁ CABO VERDE?

Sabía que son islas del atlántico, pero he necesitado buscar exactamente la situación geográfica.  La curiosidad se ha ido alimentando poco a poco mientras leía el libro de Angeles Caso, el último Premio Planeta, "Contra el viento".

La historia, que comienza a atraparte bien avanzada la lectura, consigue emocionarte y sobrecocerte, identificarte, enfadarte, entristecerte y alegrarte.  Te recuerda, y siempre viene bien que alguien te lo recuerde, la cantidad de mujeres desgraciadas que hay en el mundo, no sólo en el tercer mundo, sino tambien en nuestra sociedad actual y de la valentía que pueden llegar a tener en los momentos cruciales, la lucha que están dispuestas a llevar y la generosidad de personas anónimas que siempre se hacen cargo de consolar al menos, a veces proteger y además empujar para que la lucha no acabe.

Al principio te fijas en la forma, en el lenguaje...hasta que la historia se te lleva a Cabo Verde, a Lisboa, a Madrid, a Angola... y vives a ratos en la piel de la protagonista y a veces de la narradora, alternativamente, ya que con esta última no es difícil identificarse.  También llega a ser una valiente luchadora, aunque escapando de una situación diferente.

 

El búho

Estaban de moda por aquél entonces los búhos de la suerte:  de porcelana, de madera, de barro... de oro...

A mí me regalaron uno de oro, me lo coloqué en una cadena, lo colgué en mi cuello y se convirtió en una de esas joyas que no molestan, que te acostumbras a llevar.  Ocurrieron algunas cosas positivas, y no sé cómo, esa joya se convirtió en una especie de amuleto, que incluso en alguna ocasión presté para dar suerte.

A veces hacemos esas cosas.  Atribuimos a un objeto un poder que ningún humano puede tener. 

Aquella noche me vestí de azul marino.  Un vestido que pedía un collar corto, y mejor que nada, algo blanco: las perlas.  Y me quité el búho de oro.

Todavía me estremezco al recordar aquella noche.  Más aún, me aterra recordarla.

 Me había quitado el búho... y ocurrió aquello tan terrible.  El accidente, la carretera, la vida de nuestro amigo... Recuerdo que al llegar a casa, me quité el collar,  me puse la cadena con el colgante de búho, me acosté, me dormí pensando lo bién que lo habíamos pasado... pero al poco rato sonó el teléfono.   Y comenzó la pesadilla de uno de los momentos más tristes de mi vida.

Pasaron los días, pasaron muchos días... la pena fue muy grande.  Que triste fue todo.  Nos dejó a todos, pero sobre todo, a ella... la dejó ya sin nada a que aferrarse para luchar por su propia vida... a pesar de tener la colección más completa de búhos que yo haya visto nunca, colección a la que todos contribuímos a completar.  Ella necesitaba tanto la suerte de los búhos...Pero no sirvió de nada.  Nada se podía hacer ya.

Me había vuelto a colgar la cadena, y por nada del mundo me la podía descolgar.  No podía ocurrir otra desgracia como esa.  No podía tener más culpas.   No debería haber ocurrido.  No debería haber empezado la desgracia para aquella pareja que por fin parecía tener esperanzas.

 El se fue de repente, pasando en un instante de la vida al más absoluto abismo, la muerte más inexplicable y más injusta consecuencia de un accidente absurdo.  Y ella ya no pudo superar aquella enfermedad. Ya no sirvió de nada la cirujía, ni los tratamientos, ni los ánimos. La única persona que podía hacer navergar aquella su barca por el Nilo, se había ido.

Pasaron años hasta que pude descolgar la cadena del cuello, sin dejar de llevar atado de alguna manera el búho.  Y pasaron más hasta que por fin un día decidí que aquello no podía seguir.  Tuve la valentía de dejar el colgante de una vez en casa y comenzar a probar...

La vida ha seguido.  No puede ser todo bueno.  Han ocurrido muchas más cosas tristes, quizá no tan dolorosas ni tan terribles algunas... otras sí.  Pero estoy segura de que el búho no ha tenido nada que ver.  Ya estoy segura.  No me lo volveré a poner... o sí, quizá, sí.  No lo sé.

Ahora, mientras recuerdo, mientras escribo... me doy cuenta de que no me he vuelto a poner aquél collar de perlas.

Cardiff (Gales)

Cardiff (Gales)

     Es una ciudad de la que nunca había oído hablar.   Sin embargo, luego me he enterado de que allí nació el autor de Los  pilares de la tierra y Un mundo sin fín, ken Follett.  Pero al leer su biografía no había reparado en la ciudad de nacimiento.

    Ahora, revisando las fotografías, me resulta fácil imaginarme escenas de sus novelas en lugares similares a los que he visto.  Sin duda, en su inspiración, algo tendrían que ver esas ciudades.

     Me encantó la ciudad.  Tanto la parte antigua como la más moderna.  Disfruté de la breve estancia,  qué suerte haber tenido la oportunidad de visitar Cardiff con tan grata compañía.

Tus nietos dicen que eres un abuelo especial

Tus nietos dicen que eres un abuelo especial.  Y tienen razón.  Supongo que imaginan que también has sido un padre especial. 

 

Este inicio de artículo se quedó guardado como borrador.  Por el verbo en presente, supongo que todavía estabas entre nosotros.  Sé que después de que nos dejaras, intenté escribir algo y lo dejé.  No podía.  Y ahora también me cuesta.  Inicié este blog con curiosidad, con ganas.... se fue complicando todo y ahora ha sido un blog triste.  No sé cómo retomar esto.   De momento, publico.  

Añadiría :

Sí que fuiste un padre especial.  No sabes cómo te echo en falta.  Cuántas cosas te contaría aún, y cuántas te preguntaría.  No pudimos dedicarnos mucho tiempo al final, había que cubrir las necesidades básicas y tu mente se perdió mientras tanto...

Pero siempre estarás entre nosotros y nos acompañas.  Gracias por ser un padre especial.

MOMENTO PARA COCINAR

Me compré hace unos meses una supermáquina para cocinar:  La cocinera.  Fue como un arrebato.  Necesitaba alguna ayuda y se me ocurrió, sin mirar mucho, la verdad, comprarla.  Desde entonces, he ido marchando con esta nueva compañera de fatigas por la cocina como si fuese una niña con zapatos nuevos, o mejor, con un juguete nuevo.

Resulta que se ha convertido en lúdico y experimental algo tan fatigoso como cocinar por adelantado, siempre con previsión (no vale la improvisación con mi tipo de vida, ni con esta máquina porque es lenta, pero segura).

Siempre hay alguna novedad por mi cocina, porque estoy probando numerosas recetas, platos que de otra forma nunca hubiese cocinado.  Incluso hemos descubierto el placer de hacer el pan, que es como un lujo para esas cenas especiales de los viernes.

Pero no puedo dejar de mencionar algo que me ha traído de la mano esta nueva adquisición:  me he adentrado en el mundo de los foros y blogs de cocina, me estoy informando de novedades, secretos de cocina, pero sobre todo, estoy conociendo a gente estupenda que circula por estas páginas, cuenta sus experiencias, y sobre todo aporta opiniones y puntos de vista diferentes en otros temas no culinarios. 

Es un tipo de relacion personal diferente, la de internet.  No me hubiera imaginado que se pudiesen en unos meses establecer lazos de amistad con personas que escriben y cuentan, parlotean, ironizan, imaginan,... momentos entrañables, emocionantes a veces y otras tremendamente divertidos.  Me he llegado a reír ante la pantalla con las bromas que compartimos.  Sencillamente encantador. 

Primavera

Otra primavera más.  Necesitamos cambios, no sólo en el tiempo (clima).  Como las plantas y los animales, que hacen unos cambios tan significativos externamente, nosotros, que sólo renovamos nuestro vestuario, necesitamos cambios. 

Si, si, cambios también, que al fin y al cabo lo que pasa por el cerebro, como es un órgano, también responde a estímulos físicos y químicos.  Nuestras mentes están a veces tan obcecadas... que merece la pena renovar también nuestros pensamientos y quizá entonces hasta nuestro cuerpo funcione mejor, desaparezca el cansancio y nos encontremos con más fuerzas. 

Tenemos unos días de vacaciones y habrá que aprovecharlos para retirar pensamientos que están alojados como trastos viejos y nuestra mente y empezar a pensar en cosas nuevas.  Así nuestras neuronas estarán más animadas y funcionarán mejor. Poca base científica en mis teorías pero quizá sea  un buen consejo para todos.

Novelas de Toti Martínez de Lezea

Novelas de Toti Martínez de Lezea

Este verano descubrí esta novelista y leí dos de sus libros: La comunera y La herbolera.  Me han gustado mucho, especialmente el primero, que descubre el lado humano, sobre todo el femenino de una parte de la historia que apenas conocía.  Me emocionó y disfruté en la playa leyendo párrafos interesantes.  Volví a casa y busqué información sobre el tema, me parecía estar reviviendo la novela. Es un libro que engancha.

Estoy deseando comprarme alguno más para disfrutar de su lectura.

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Ya se acaba el 2008

Ya se acaba el 2008

Este era un año que aparecía desde hace tiempo como un año especial.  El año de la Expo en Zaragoza, qué bien, cuantas cosas habrán ocurrido cuándo llegue la Expo, en el 2008.  Qué mayores mis hijos, cuántos cambios en el trabajo, qué pasará con los mayores...Además supimos que tendríamos boda, también en el 2008...qué ilusión.

Todo llega y todo pasa, ya lo decía Machado. Es maravilloso el poder de adaptación que tenemos las personas.  No nos imaginábamos cómo serían las cosas, no esperábamos algunos cambios, otros los deseábamos y no han ocurrido, pero nos adaptamos muy bien a todo, o bueno, nos adaptamos como podemos, pero sobrevivimos y afortunadamente aún pasamos buenos ratos.  Mejores momentos, cuanto más difícil se tiene.

En el 2008 ya vamos cumpliendo años, nos acercamos peligrosamente al 50, hay que aprender a llevar la edad, la experiencia y los achaques, haciendo un cóctel en que domine lo de la experiencia y la vitalidad para evitar el cansancio.  A esta edad sabemos muy bien que los buenos momentos hay que aprovecharlos, bien sea en la Expo, con los amigos, con los libros, en soledad a veces y por qué no, incluso con el ordenador, este invento maravilloso que podemos disfrutar.

divertido y emocionante

divertido y emocionante

He recibido en un correo el siguiente texto,  que me ha hecho pasar un rato divertido y a la vez, ha conseguido emocionarme.

QUE MAYOR ESTOY.......
 
Eduardo Hughes Galeano nació en Montevideo, Uruguay, en 1940. Fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Época.
En Buenos Aires fundó y dirigió la revista Crisis. Vivió exiliado en Argentina y España. A principios de 1985, regresó a Uruguay.
Es autor de varios libros, traducidos a más de veinte lenguas y de una profusa obra periodística.

 

 

Un artículo de Eduardo Galeano
 (Para mayores de 40)

 Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

 Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

 ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

 ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

 El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!

 Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

 No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ’por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ’guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ’compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’. Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo.. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Sí, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos... ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte.. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ’éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ’matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ’Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en porta lápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ’bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ’bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

 Hasta aquí Eduardo Galeano.


 

 

Es verdad: el tiempo es oro

Es verdad: el tiempo es oro

Me hacía mucha ilusión tener un blog, pensé que sacaría tiempo para escribir y que sería algo positivo, un entretenimiento nuevo. 

El problema es es tiempo.  No tengo tiempo de escribir porque no me queda un minuto libre.  Leo, es verdad.  También veo la televisión alguna noche... Pero son distracciones que me exigen menos esfuerzo. 

Entre la cocina, el trabajo, los preparativos de boda, el inicio de curso, los hijos, los padres... las fiestas, los viajes... Demasiadas ocupaciones.  Todo programado de antemano, mucho control.  Y con lo que escapa al control, desesperación.  Esto es así.  No sé cómo podría cambiarlo.  No puedo dejar de atender todas esas cosas.  Son mi responsabilidad, y las responsabilidades no se pueden eludir.

Nada es eterno y sé que esta situación cambiará, seguro que pasado un tiempo, quizá me sobre el tiempo, pero de momento mi tiempo está tan ocupado, que lo de este blog no va a marchar mejor.

FILOSOFÍA

Una amiga me envió este texto, que yo ya había leído hace tiempo y me gustó.

Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf.

Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.

 

El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.

 

Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.

 

El profesor, rápidamente añadió dos cervezas al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena.

 

Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque perdiéramos el resto y nada mas nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas.

 

Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche.....

 

La arena es el resto de las pequeñas cosas.

 

Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo el nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.

Juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al médico, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o tu afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua.

 

Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades, el resto solo es arena".

 

Uno de los estudiantes levanto la mano y le preguntó que representaban las cervezas.

 

El profesor sonrío y le dijo: "Me encanta que me hagas esta pregunta!.La cerveza es para demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos cañas con un amigo"

 

 

 

 

no puedo pensar mucho

no puedo pensar mucho

No está siendo buena época para pensar, no, porque hay que afrontar la situación que se va presentando con los abuelos sin pensar demasiado cómo han sido y cómo están ahora, lo cruel del deterioro lentro, progresivo e imparable.  Es duro y triste despedirse de ellos tan despacio, en vida, viendo cómo los pierdes poco a poco, cómo todo lo que les haces no es sufienciente, siguen siendo desvalidos y no puedes solucionar nada.

una avería fácil de reparar

Ayer estuve apenada, desmedidamente preocupada por mi lavavajillas.

Desde el domingo por la tarde, en que detecté un atasco en el desagüe, estuve atareada con la lavadora, la ropa, el agua, la limpieza... pero lo peor es que después de que el fontanero elliminara con facilidad el atasco, mi lavavajillas sensible con válvulas de seguridad, con mecanismos electrónicos antiinuncación y todas las previsiones posibles...se negaba a funcionar. 

Ya estaba yo temiendo la reparación, el tiempo que me iba a tardar en llegar el técnico, en la mala noticia de cambiar de lavavajillas... pero al llamar al técnico por teléfono, me sugirió una manera de repararlo, totalmente "a la antigua", es decir, manualmente, con un buen "meneo", volcarlo hacia un lado, eliminar el agua retenida, y así, de esa manera tan poco fina, los sensores ultrasensibles dejaron de estar en guardia, y vuelve a funcionar de maravilla.

¡Qué alegría y que tranquilidad! ¡Qué facil de solucionar!

Pero quizá la causa profunda de la pena y la preocupación que tuve ayer, no era la avería del electrodoméstico, sino que era una cosa más, otra que funciona mal, ...lo que faltaba...Ojala el bienestar de los que me rodean se pudiera reparar así de fácil.

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hoy me he comprado tres libros

hoy me he comprado tres libros

Hoy he ido de compras, y como esta mañana he terminado el libro que estaba leyendo, y además estoy de vacaciones, había motivo más que sobrado.

Tres libros diferentes, La princesa de hielo, de Camilla Läckberg.

La Comunera, de Toti Martínez de Lezea.

El monje que vendió su Ferrari, de Robin S. Sharma.

Comenzaré por el primero.

Esta mañana, en mi largo desayuno literario de vacaciones, he terminado Mi país inventado, de Isabel Allende, que me ha gustado mucho, como todos los que he leído de ella. Pero me encantó sobre todo su último libro, La suma de los días, con el que me sentí muy identificada en muchos aspectos, me emocionaron algunos capìtulos y me reflejaba en algunos de sus comentarios sobre la familia, amigos, las penas...

ya tengo un blog

ya tengo un blog

Me gusta leer algunos blogs.  Disfruto leyendo opiniones, ideas, comentarios, pensamientos... Me parece interesante intentar escribir un poco.  Es un motivo para pensar un momento, de ahí el título.  Pero soy una novata impaciente, es decir, me lanzo al blog como a una piscina, sin saber nadar.  Espero poder aprender con el uso, como todo lo que he aprendido en el ordenador.

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